Archive for Octubre, 2004

Para llamar la atención

Tengo tiempo queriendo expresar esto.

Resulta que en mi diario camino casa-escuela-trabajo-escuela-casa, siempre transito por el puente de la desviación México - Tequisquiapan (o, más atinadamente, Querétaro - Tequisquiapan).

Recuerdo que comenzaron a hacer “mejoras” a la carretera por motivos, según un servidor, de la feria.

Es curioso que únicamente se arregló un tramo de esa desviación, y ni siquiera es el que va hacia Tequisquiapan (que al final es la carretera que lleva al Centro Expositor donde este año se llevó a cabo la feria de San Juan del Río).

Viniendo de México, al parecer se asfaltó un tramo de aprox. 1 kilometro desde la salida a la desviación. Viniendo de Querétaro, solamente fue una parte de la curva que llega hasta el puente. Ni siquiera bajo el puente llegó el dichoso asfalto, y ni hablar de la carretera a Tequis (prácticamente frente al Tecnológico).

¿Soy solamente yo o algo falta -o faltó- ahí? Y ni hablar de las palmeritas…

Fair Play

Ayer se me ocurrió regresar a jugar basquetbol, después de 10-12 días semi-incapacitado para hacerlo gracias a un fulano que casi me disloca el dedo anular de la mano izquierda. Esto a resultas de mi estatura y peso, ya que la consigna del equipo contrario es acabarme lo antes posible, y no porque yo sea especialmente bueno.

El problema que tengo es que precisamente por mi masa corporal, los árbitros regularmente ignoran cualquier golpe o falta que me den, a menos que definitivamente sea algo serio.

¿El comentario del árbitro cuando le comenté que casi me arrancan el dedo y que no marcó nada? “Pues deja de jugar, son los riesgos que corres, y aunque te marque la falta, el golpe nadie te lo quita”.

¿La respuesta simple mía? “Mi golpe tampoco te lo va a quitar nadie, aunque me expulses, si es que puedes moverte, y lo mismo para los del equipo contrario”.

El caso es que, como comentaba al principio, ayer regresé y me encuentro con el mismo caso. No puedo soplarles a los fulanos del otro equipo porque ya es falta, y en cambio, aquellos me pueden estar golpeando una y otra vez. Y el mismo caso: algunos de ellos, al ver que traía vendoletas de sujeción en la mano, se dedicaron a golpear y golpear y, por supuesto, 1 de cada 10 era silbada por los dichosos árbitros.

El problema, siento yo, es que estos árbitros dejan que ese tipo de actitud vaya en escalada durante todo un partido (o una serie de ellos) y probablemente alguien pueda salir realmente lastimado de un juego, sin que en realidad sean (o seamos) culpables los jugadores.

Ojalá alguno de ellos se diera cuenta de eso, que la calidad de los partidos y la integridad de los jugadores está en manos de ellos y sus decisiones.

No lo creo.

Desfogándome de un asunto

Hoy cambiaré el formato. Es una transcripción de una conversación que escuché por ahí con un amigo (los nombres serán cambiados por protección).

 


 

“El fin de semana salimos a Michoacán a visitar a mis tíos (hermanos de mi mamá). Nos gastamos lo que no tenemos en blusas, una chamarra de mujer, unos zapatos para Marifer, unos para ella, dos perfumes… ¡Ah!, y una loción para mi.”

“Prácticamente le di gusto en todo a mi esposa, y el domingo, porque me equivoqué (en su muy particular opinión) al comprarle unas cosas que necesitaba, me puso como lazo de cochino. No sé si fue el estrés del viaje o qué, pero estuvo cañón.”

 

“El lunes, platicamos que iba a ir a comer a la casa. Regularmente no va que porque no tiene tiempo y la regañan. Antes íbamos con mi mamá, que nos queda en un punto intermedio a los dos y nos turnábamos para llevar a los enanos a la casa y dejarlos con su nana.”

“Después de cierto tiempo: ‘No, ya no porque es mucho trabajo para tu mamá y mejor nos ahorramos ese dinerito y yo hago de comer y comemos en casa’.”

“Después de más tiempo: ‘No, ya no me da tiempo de ir a comer, que haga Lucy y nos vemos en la noche’.”

“Ahora, como mi hermano sigue yendo con mi mamá, ella se va a comer con él a mi ex-casa.”

“El caso es que me dice que no puede ir, y que me deja comida lista, que pase por ella a su trabajo. ¡Oh, sorpresa!, al ir por la comida veo a mi hermano yendo a casa de mi mamá y ella aprovechando el viaje, cuando me había comentado que no podría salir. ¿Qué sucede aquí? Me dio un coraje que todavía lo traigo ‘entripado’. No pasé ni por la comida ni otras cosas que me había dejado, y luego ella se indignó porque no hice lo que ella esperaba que hiciera. Por supuesto, ahora es MI responsabilidad disculparme por haberme enojado.”

“Para no hacer el cuento más largo, el martes no pude ir por los enanos a la escuela porque tuvimos una junta de staff en el trabajo que nos llevó más de 6 horas (de 10h00 a 16h00). Tuvo que ir ella y supuestamente ‘le iba a causar problemas’.”

“Regularmente, cuando ella pasa por ellos a la escuela, se va a la casa, los deja y se regresa en menos de 1 hora. Cuando yo paso, los llevo e intento comer con ellos. Se supone que también tengo una hora de comida, y regularmente me tomo casi 1.5 o 2 (las cuales pago diariamente por la tarde), o lo que es lo mismo, pongo en riesgo a diario mi trabajo por estar con ellos, pero eso a ella le vale para dos cosas: para lo que se le unta al queso y para nada.”

“Ese mismo día se va a los aeróbicos en la tarde/noche sin dejar especificada toda la tarea para uno de mis hijos, y cuando llega (por ahí de las 20h00), primero es a cenar y luego a pegar gritos porque mi hijo no había hecho esa parte de la tarea que nadie salvo ella y mi enano sabían. Después de cenar, se va a acostar (como a las 21h15). Me quedo yo con él para terminarla, según yo bien porque se la pidieron en una hoja blanca. Ya se imaginarán cómo escribe un niño de 1° de primaria en una de esas hojas. Incluso le hice rayitas para que al menos se fuera derecho. Total que me despierta otra serie de gritos y portazos como a las 6:15 del miércoles: ‘¡Qué horrible está ese trabajo!’, ‘¿Cómo es posible que hagas eso?’, ‘¿Qué no te estuvo revisando nadie?’, ‘¡Mira nada más qué porquerías!’.”

“Y me consta que mi enano hizo un muy buen esfuerzo esa noche para acordarse de lo que tenía que escribir (un resumen de una película que vieron) y plasmarlo en la dichosa hojita.”

“Total que el pobre tuvo que repetir lo que había hecho, y me pone a sudar porque si no salimos de la casa para las 7h20, se me hace tardísimo para dejarlos en la escuela y llegar al trabajo.”

“Y para terminar, ese mismo día en la tarde al ir por ellos me enojé con una facilidad que para qué les cuento.”

“Con mi enano, por tener que verle la cara a su maestra diciéndome que lo tenemos que llevar al psicólogo por ciertas cosas que le ha notado (que por supuesto son faltas nuestras, no tanto de él).”

“Con mi pequeña, porque su maestra me comenta que no hace los trabajos completos, y además porque al llegar por ella, está jugando y tarda todavía más de 10 minutos en copiar la tarea que ya debía tener anotada.”

“Con el ‘bebé’, porque ya avisaba bastante bien para ir al baño, y ahora cada que voy su ‘miss’ me dice que vuelve a no avisar y que debemos aplicar más dureza.”

“Y luego para acabarla de amolar, me quedé sin comer porque resulta que una casa que compré y que se está rentando no tenía contrato de agua y mi esposa, hizo (para variar) las cosas a su manera, con lo que tuve que correr por todos lados menos a la mesa de alguien.”

“¿Moraleja? Realmente ninguna, solamente que del viernes a la fecha he bajado 3-4 kilos.”

“Pero espero no seguir así.”


¿Cómo ven? ¿Qué onda con este amigo? 

Comienza el frío

Al fin comienza la época del año que me gusta. No tan lluviosa, pero fresca, tirándole a fría. También, cada día se acerca más la otra época, Navidad, fin de año, Reyes…

El tiempo realmente vuela. Todavía ahora sigo pensando en lo que he hecho durante el año, con Enero y Febrero como recuerdos extremadamente recientes, pero ¡ya casi es Diciembre nuevamente!

Diciembre me gusta, entre otras cosas, porque es el mes en que nos casamos Maritza y un servidor (el 9 de diciembre). Poco después es día de mi “santo” (el 15, mismo día que cumple una cuñadita mía). El 17 cumplo 36, el 24 es Nochebuena y el 25 Navidad. El 31 es la última noche del año y también cumpleaños de mi papá (¡ya cumple 65!). Después de eso, viene el día 1° de Enero, con sus tazones colegiales de futbol americano, y el 5 es noche de Reyes (y también santo de mi mamá).

En fin, que se acerca la temporada del año que más nos gusta, y no necesariamente por los regalos y demás, sino porque en realidad la sentimos y apreciamos en lo que vale (y no porque sea particularmente religioso).

Por ahora no se me ocurre nada más, salvo que me está costando trabajo escribir en estos momentos por un golpe que recibí el día de ayer jugando basquetbol, el cual espero que no sea grave.

Si encuentran alguna falta de ortografía, por favor señálenmela. que una de las cosas que no me gustan en este mundo es ver ese tipo de faltas.

Cualquier cosa, aquí sigo.