Archive for the 'Familia y amigos' Category

Desfogándome de un asunto

Hoy cambiaré el formato. Es una transcripción de una conversación que escuché por ahí con un amigo (los nombres serán cambiados por protección).

 


 

“El fin de semana salimos a Michoacán a visitar a mis tíos (hermanos de mi mamá). Nos gastamos lo que no tenemos en blusas, una chamarra de mujer, unos zapatos para Marifer, unos para ella, dos perfumes… ¡Ah!, y una loción para mi.”

“Prácticamente le di gusto en todo a mi esposa, y el domingo, porque me equivoqué (en su muy particular opinión) al comprarle unas cosas que necesitaba, me puso como lazo de cochino. No sé si fue el estrés del viaje o qué, pero estuvo cañón.”

 

“El lunes, platicamos que iba a ir a comer a la casa. Regularmente no va que porque no tiene tiempo y la regañan. Antes íbamos con mi mamá, que nos queda en un punto intermedio a los dos y nos turnábamos para llevar a los enanos a la casa y dejarlos con su nana.”

“Después de cierto tiempo: ‘No, ya no porque es mucho trabajo para tu mamá y mejor nos ahorramos ese dinerito y yo hago de comer y comemos en casa’.”

“Después de más tiempo: ‘No, ya no me da tiempo de ir a comer, que haga Lucy y nos vemos en la noche’.”

“Ahora, como mi hermano sigue yendo con mi mamá, ella se va a comer con él a mi ex-casa.”

“El caso es que me dice que no puede ir, y que me deja comida lista, que pase por ella a su trabajo. ¡Oh, sorpresa!, al ir por la comida veo a mi hermano yendo a casa de mi mamá y ella aprovechando el viaje, cuando me había comentado que no podría salir. ¿Qué sucede aquí? Me dio un coraje que todavía lo traigo ‘entripado’. No pasé ni por la comida ni otras cosas que me había dejado, y luego ella se indignó porque no hice lo que ella esperaba que hiciera. Por supuesto, ahora es MI responsabilidad disculparme por haberme enojado.”

“Para no hacer el cuento más largo, el martes no pude ir por los enanos a la escuela porque tuvimos una junta de staff en el trabajo que nos llevó más de 6 horas (de 10h00 a 16h00). Tuvo que ir ella y supuestamente ‘le iba a causar problemas’.”

“Regularmente, cuando ella pasa por ellos a la escuela, se va a la casa, los deja y se regresa en menos de 1 hora. Cuando yo paso, los llevo e intento comer con ellos. Se supone que también tengo una hora de comida, y regularmente me tomo casi 1.5 o 2 (las cuales pago diariamente por la tarde), o lo que es lo mismo, pongo en riesgo a diario mi trabajo por estar con ellos, pero eso a ella le vale para dos cosas: para lo que se le unta al queso y para nada.”

“Ese mismo día se va a los aeróbicos en la tarde/noche sin dejar especificada toda la tarea para uno de mis hijos, y cuando llega (por ahí de las 20h00), primero es a cenar y luego a pegar gritos porque mi hijo no había hecho esa parte de la tarea que nadie salvo ella y mi enano sabían. Después de cenar, se va a acostar (como a las 21h15). Me quedo yo con él para terminarla, según yo bien porque se la pidieron en una hoja blanca. Ya se imaginarán cómo escribe un niño de 1° de primaria en una de esas hojas. Incluso le hice rayitas para que al menos se fuera derecho. Total que me despierta otra serie de gritos y portazos como a las 6:15 del miércoles: ‘¡Qué horrible está ese trabajo!’, ‘¿Cómo es posible que hagas eso?’, ‘¿Qué no te estuvo revisando nadie?’, ‘¡Mira nada más qué porquerías!’.”

“Y me consta que mi enano hizo un muy buen esfuerzo esa noche para acordarse de lo que tenía que escribir (un resumen de una película que vieron) y plasmarlo en la dichosa hojita.”

“Total que el pobre tuvo que repetir lo que había hecho, y me pone a sudar porque si no salimos de la casa para las 7h20, se me hace tardísimo para dejarlos en la escuela y llegar al trabajo.”

“Y para terminar, ese mismo día en la tarde al ir por ellos me enojé con una facilidad que para qué les cuento.”

“Con mi enano, por tener que verle la cara a su maestra diciéndome que lo tenemos que llevar al psicólogo por ciertas cosas que le ha notado (que por supuesto son faltas nuestras, no tanto de él).”

“Con mi pequeña, porque su maestra me comenta que no hace los trabajos completos, y además porque al llegar por ella, está jugando y tarda todavía más de 10 minutos en copiar la tarea que ya debía tener anotada.”

“Con el ‘bebé’, porque ya avisaba bastante bien para ir al baño, y ahora cada que voy su ‘miss’ me dice que vuelve a no avisar y que debemos aplicar más dureza.”

“Y luego para acabarla de amolar, me quedé sin comer porque resulta que una casa que compré y que se está rentando no tenía contrato de agua y mi esposa, hizo (para variar) las cosas a su manera, con lo que tuve que correr por todos lados menos a la mesa de alguien.”

“¿Moraleja? Realmente ninguna, solamente que del viernes a la fecha he bajado 3-4 kilos.”

“Pero espero no seguir así.”


¿Cómo ven? ¿Qué onda con este amigo? 

Un día importante…

…en la vida de mi hijo más pequeño. Hoy le celebramos su tercer cumpleaños (aunque en realidad fue ayer, 17 de septiembre).

Sí, ya sé, prácticamente nadie lo conoce, pero no por eso es menos importante. Baste decir que cuando nació nunca pensamos realmente que llegara siquiera al primer cumpleaños, por no decir a su primera semana, su primer mes… Mi hijo fue (y seguirá siendo) prematuro. Nació de 23 o 24 semanas (apenas cumplidos los seis meses de embarazo).

Fue una prueba muy dura para todos en mi familia. Para mi esposa, porque desde el primer mes tuvo amenaza de aborto. Para mis otros hijos, porque prácticamente no contaban con padres en esos momentos (y aún hoy lo seguimos “pagando”). Para mi, porque realmente puso una prueba en mi paciencia y en mi temple. Es difícil tratar de ser la columna “principal” cuando una familia está a punto de desmoronarse anímicamente, y no tienes la oportunidad siquiera de mostrar todos tus sentimientos.

Aún hoy veo en retrospectiva esos días de incertidumbre, de no saber si sobreviviría un día más, de si sus pulmones resistirían, de si su estómago recibiría la comida, de si no le quedarían secuelas (tuvo incluso un derrame cerebral de grado 3, que de algún modo absorbió completamente)…

Hoy, pienso que los niños son un milagro. Que nosotros mismos y nuestros padres y sus padres fuimos un milagro también, cada quién en su momento. No sé si es un milagro de Dios (no soy particularmente religioso), un milagro médico (me inclino más por este último) o simplemente la tenacidad de una vida por continuar.

Tengo muy grabada una frase (algunos pensarán que es un cliché) que es dicha por Jeff Goldblum en su papel de “Ian Malcolm” en “Jurassic Park“: “Life will find a way…” y realmente no hay nada más cierto en estos casos.

Es curioso hasta qué nivel pueden llegar a darse las cosas. Hoy, lo veo jugar, caerse, levantarse, queriendo ser independiente a su edad (je, nadie sabe lo que tiene…), hablar, razonar. Pero lo que más gusto me da es que le hice una promesa y de alguna manera él mismo me ayuda a cumplirla. Cuando nos lo entregaron finalmente (después de 2-3 meses de estar internado en el IMSS) le prometí que yo sería siempre lo último que él vería antes de dormir, que yo quería siempre verlo cerrar sus ojos e irse al país de los sueños antes de irme yo, y él cada noche me pide -no, más bien me exige- dejar de hacer lo que estoy haciendo para dormirse conmigo. A veces no me es posible, pero tampoco me siento mal por eso. Sé que él sabe que ahí estoy y ahí estaré.

Siempre.

¡Feliz Cumpleaños, Marco Iván!

Ya es viernes

Y resulta que fui por mis hijos. Para los que conozcan San Juan del Río un poquito, me tomó llegar de la esquina del Santa Mónica hasta Rayón casi ¡15 minutos!

Es criminal que dejen a tantas rutas de autobuses circular por una avenida tan -ahora- pequeña como lo es 20 de Noviembre, y sobre todo que no haya quién dirija el tráfico de una mejor manera.

Lástima que no llevaba mi cámara conmigo, para poder mostrar el nudo que se hace justo antes de llegar a la esquina de la calle de Mina. Los autobuses se pasan el alto y se quedan atorados en la misma esquina porque no pueden avanzar debido a que la luz roja en Hidalgo no se ha quitado, con lo que los que vamos atrás nos quedamos detenidos por dos y hasta tres ciclos de semáforos.

En fin, el caso es que llegué un poco tarde a recogerlos, pero lo que más me gusta sigue siendo el cómo me reciben cuando me ven. Vaya, tengo 3 años pasando por ellos a la misma escuela y siguen esperando la hora de la salida para que vaya por ellos. Igual que yo :^). Es pesado y me preocupa mi trabajo porque en ocasiones llego a tardar hasta hora y media en ir por ellos, llevarlos a la casa, comer y regresar a continuar laborando. Pero bien lo vale.

Cumpleaños y sus derivados

Hoy es cumpleaños de mi hija. ¡Cumple 8!

Le celebramos una pequeña fiesta en su salón con sus amigos y compañeros de clase. Curiosamente, no nos dejaron entrar para ayudar a la maestra con el refresco, el pastel y los sandwiches, mucho menos para tomar alguna foto o video, y eso que las fiestas son a la hora del recreo. Por lo menos me dieron permiso de dejar mi cámara (ojalá la sepan manejar y no descomponérmela) para que ella y su maestra tomen algunas fotos.

En fin, nos tocará hacerle otra reunión hoy mismo por la noche en casa de sus abuelitos (mis papás), y a la misma vendrán -espero- sus otros abuelitos y sus primos y primas. Espero que se la pase muy bien, porque tiene esperando esta fiesta ¡desde hace 2 meses! Los niños son bastante desesperados, al igual que muchos de nosotros ya adultos.

Aún recuerdo cuando ella nació, una “bolita de carne” de casi 4.5 kilos, y 54 cm, todo un suceso para nosotros. Estaba tan “cachetona” que prácticamente no podía levantar su cabeza, y así duró al menos 2 meses. La suerte es que era (y es) bastante fuerte y poco a poco lo logró. Si alguien ha visto al monito blanco (que parece inflado) que anuncia cierta marca de llantas, prácticamente mi hija estaba igual; a la fecha eso aún no lo olvidamos. Su peso y talla están justificados si menciono que mi esposa mide 1.76 y yo 1.93, je.

Poco a poco ha ido creciendo y ella lo ha hecho tanto en tamaño (ahora mide cerca de 1.45) como en inteligencia (en la escuela le “diagnosticaron” 2 años de adelanto intelectual). Por supuesto le falta mucho por aprender, pero no hay ninguna prisa. No quiero tener una Marie Curie o una Madre Teresa en lugar de una hija.

Quiero que disfrute a más no poder su infancia, quiero tener la paciencia de Job para poder sobrellevar sus desplantes y arranques, quiero tener la fuerza de Sansón para poder cargarla para llevarla a dormir cuando el sueño la venza, quiero tener la sabiduría de Salomón para poder comprenderla y guiarla por el camino de la vida. Quiero tantas cosas para ella que prácticamente no me alcanzaría todo el tiempo del mundo para decírselo ni para hacérselo sentir.

¡Feliz cumpleaños, María Fernanda!

Caramba. Quisiera ser niño nuevamente pero, como sé que físicamente eso es imposible, mejor intento mantenerme niño mentalmente para no hacer que ella (y mis otros dos hijos) se vuelva un adulto pequeño.

En mi muy personal opinión, el hecho de tratar que un niño se comporte como lo que no es me parece extremadamente debatible, cuando no irracional. Debemos cuidar que los niños se mantengan así tanto tiempo como sea posible. Su ingenuidad e inocencia deben estar ahí hasta que ellos descubran por si mismos (o cuando sus padres responsablemente lo consideren necesario) la realidad del mundo. ¿Cuántos de nosotros (yo tengo 35 años ahora) teníamos “novia” o “novio” a los 12 años? ¿Cuántas niñas embarazadas vemos ahora de 14 o 15 años? ¿Cuántos niños vemos ahora hablando de sexo o drogas a los 14 o 15 años? ¿Se ha perdido esa inocencia? ¿Por qué? Yo no lo sé y por eso pregunto.

Probablemente siga ampliando esta entrega porque creo que es un tema bastante amplio e importante como para dejarlo solamente así.

Cualquier comentario es bienvenido.

« Entradas anteriores